La exposición se divide en tres partes: El proceso de creación, la evolución creativa del modisto y su relación con la figura femenina. Merece la pena la visita, pues pronto nos hacemos una idea sobre la figura de Saint-Laurent; un hombre frágil y sensible que adoraba la feminidad, el glamour y la cocaína.
Comenzó su carrera profesional en la casa Dior hacia 1951, durante sus años en la Maison demostró un talento que impresionó a Christian Dior, el cual le nombró su sucesor en 1956. Un año después, tras su muerte, Saint-Laurent se convirtió en el diseñador más joven del mundo.
Cuentan las malas lenguas que sus impulsos creativos le fueron despegando poco a poco de la linea Dior, por lo que el dueño de la firma, Marcel Boussac, movió los hilos necesarios para que el joven Saint-Laurent fuera llamado a filas. Cuando volvió a París fundó su propia casa de modas, gracias a la inestimable ayuda de su amigo y compañero sentimental: Pierre Bergé. De esta manera nace YSL, una empresa que mueve más de 600 millones de euros anuales.
Pero con esta nueva empresa nació además una nueva mujer. La imaginación desbordante del diseñador revolucionó el mundo de la moda, transgresor y contradictorio, rompió todas las reglas de la alta costura y la calle era su principal fuente de inspiración. El propio Bergé manifestaría una vez: "Si Coco Chanel liberó a las mujeres, Yves Saint-Laurent les otorgó el poder"
Era el poder de sorprender. Desde su primera colección en 1961, el genio nunca dejó de innovar e incluso a veces escandalizar. A él le debemos el esmoquin femenino, el traje pantalón, las saharianas, las inspiraciones exóticas, las transparencias y el prêt-à-porter, fue el primer diseñador que hizo desfilar modelos de color en sus desfiles, y es el creador del perfume más vendido del mundo: Opium. Apasionado de la figura femenina, tenía sus propias musas de carne y hueso, como Catherine Deneuve y la recientemente fallecida Loulou de la Falaise.

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| Dos de los diseños de la colección 40. 1971. |
Tras una fructífera carrera, decide retirarse en 2002, con un desfile que viajó por la trayectoria de sus creaciones. En su despedida, manifestaría que lo único que lamentaba en su carrera era no haber inventado el pantalón vaquero.

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